Propiedades
la propiedad que se ofrece — en cuánto está, quién la trae y si se puede compartir
Es para ti si
- Lleva su inventario de inmuebles en carpetas de Google Drive o en Excel
- Manda propiedades por WhatsApp y nadie sabe cuáles siguen disponibles
- No tiene claro qué asesor es responsable de cada propiedad
- Trabaja con asesores externos y les comparte solo una parte del inventario
- Pierde tiempo buscando a mano algo de dos recámaras en cierta zona y cierto precio
- Tiene propiedades directas y en colaboración, y necesita distinguirlas antes de ofrecerlas
Propiedades
Tu inventario de inmuebles: qué hay, a cuánto, quién lo trae y cuál se puede compartir.
Lo mínimo para empezar
Cómo se llama y en cuánto está. Con eso la propiedad ya se busca, se filtra y se comparte. Las fotos, los metros, la dirección y la descripción se agregan después, cuando la tengas enfrente.
El asesor responsable queda puesto solo: es quien la captura, salvo que elijas a otro en el campo *Responde por ella*. Eso importa más de lo que parece: de ahí sale el WhatsApp al que llega el interesado, y es a quien se le cuenta el cierre en el marcador. La recepcionista puede capturar lo que trajo un asesor que anda en la calle sin quedarse con su venta.
Las dos banderas que deciden todo
Antes que el precio, un asesor pregunta otra cosa: ¿la puedo mandar?
- Se puede compartir: si sale del equipo o es exclusiva tuya.
- Es directa: si la operación es con el dueño, sin intermediarios. Es lo que
decide cómo se reparte la comisión.
Las dos se ven en la lista, pegadas al nombre, sin abrir la propiedad. Y cada una tiene su acote en la barra, para ver de un golpe todo lo compartible.
De dónde viene
Cada propiedad dice si es de la inmobiliaria, de un asesor o en colaboración. No es un dato administrativo: cambia qué puedes prometer y con quién repartes.
Encontrarla en segundos
Arriba de la lista están los tres filtros que llevan un valor —operación, tipo y rango de precio—, porque no son un sí o un no. En la barra viven los acotes: disponibles, apartadas, cerradas, compartibles, directas, las mías y sin fotos.
Ese último es la lista de pendientes: una propiedad sin fotos no se puede ofrecer, así que el número sale en ámbar hasta que le subas la primera.
La búsqueda entra por nombre, clave, zona y descripción, y se resuelve completa aunque la lista tenga miles: nunca busca solo en lo que alcanzó a bajar.
Las cifras de arriba se cuentan por moneda
En Estadísticas, la cartera sale en dos cifras: una en pesos y otra en dólares. No se suman ni se convierten entre sí. Un tipo de cambio puesto por el sistema sería otra mentira, y más difícil de descubrir que dos números claros.
Las fotos viven en Documentos
Se suben desde el menú de la propiedad, varias a la vez, y desde el teléfono la cámara sirve igual. Se guardan en Documentos, colgadas de esa propiedad: no hay dos archiveros ni dos verdades sobre el mismo archivo.
La primera foto se vuelve la portada sola; después puedes cambiarla. Las imágenes se abren con un enlace firmado que dura dos minutos y se pide en el momento: una dirección permanente seguiría sirviendo después de que quites la foto.
Compartirla por WhatsApp
Desde el menú de cada propiedad, Compartir por WhatsApp arma el mensaje con su nombre, la operación y el precio, y WhatsApp pregunta a quién. Es lo que ya haces hoy, sin teclearlo.
Si la propiedad es de otro asesor y su perfil trae teléfono, también puedes escribirle directo para preguntarle por ella.
La ficha
Ver la ficha abre la propiedad completa sin entrar a editarla: sus fotos, el precio, los metros, la descripción, la dirección exacta y quién responde por ella. Es la pantalla que se enseña cuando alguien pregunta qué tienes.
Desde ahí mismo se comparte por WhatsApp, se le escribe al asesor y se entra a las fotos. Editar vive en su formulario: mezclar las dos cosas pondría catorce campos de captura encima de algo que casi siempre solo se consulta.
Registrar el cierre
Cuando se vende, Registrar el cierre pide dos cosas: a quién y en cuánto. Y entonces pasan tres a la vez:
1. La venta queda registrada a nombre del asesor de la propiedad, no de quien la capturó. El marcador mide a quien la trabajó. 2. El ingreso aparece en Ingresos, igual que cualquier otra venta cerrada. 3. La propiedad queda cerrada y sale del inventario que se ofrece.
El precio de lista viene puesto, pero lo que cuenta es lo que de verdad se pagó.
Para esto hace falta acceso a Ingresos, que es donde aterriza el dinero. Si no lo tienes, la pantalla te lo dice con todas sus letras.
El marcador
La sección Marcador contesta cómo va el equipo: quién lleva más cierres o más monto, en el periodo que elijas —este mes o este año—, con las fechas siempre a la vista. Un ranking sin fechas se discute en vez de mover a nadie.
Con qué se ordena lo decide la casa, en los ajustes de la App: por monto premia la venta grande, por cierres premia el movimiento.
Solo cuenta lo que se registró como cierre. Marcar una propiedad como cerrada a mano no entra al marcador: premiaría a quien mueve el estado, no a quien vende.
Disponible, apartada, cerrada
El estado se cambia desde el menú de la fila, sin abrir el formulario: "ya se apartó" se contesta de pasada, y obligar a abrir la ficha entera es lo que hace que el estado se quede viejo.
Cerrada no borra nada. La propiedad sale del inventario que se ofrece y su historial se queda. Quitarla del catálogo es otra cosa, la hace quien manda en el Workspace, y también es un retiro: nada se borra de verdad.
Preguntarle al Cerebro por esta lista
Desde Pregúntale al Cerebro, dentro de este Workspace, puedes preguntar por tu inventario sin abrir la App: qué hay disponible, qué se puede compartir y cuáles no tienen fotos.
Con qué se confunde
Inventario lleva cosas intercambiables que se cuentan —da igual cuál de los doce costales se lleve el cliente—. Una propiedad es única y no tiene existencias: lo que se le pregunta no es cuántas hay, sino cuál sirve.
La habitación se renta muchas veces y su ficha son cuatro campos. La propiedad se vende una vez y su ficha ES el producto que se enseña, con fotos, metros y descripción.
Aquí vive el inmueble; allá vive el interesado y en qué paso va. Una propiedad no se persigue: se ofrece.
